Princesas y Rockstars

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Hola bella, ¿cómo estás?

Estuve revisando las fotos de mi celular y encontré esta que es tan tú, en la que se ve todo lo genial que eres y que me ha dejado sonriendo mientras la miro, y también filosofando un poco al respecto.

¿Sabes? Creo que no quiero que seas una princesa.

No, no lo creo. Lo sé.

Y yo sé que hoy, en este momento, te encaaaanta sentirte princesa. Hoy te disfrazaste de Elsa de Frozen para estar en casa, y eso me divierte sobremanera. Pero no. No quiero que seas una princesa. Quiero que seas una Rockstar.

Te explico. Las princesas, nacen princesas. Y eso está muy bien! Qué lindo por las princesas! Nacen princesas, crecen princesas, e incluso pueden llegar a convertirse en reinas. Puedes creerlo? Ahora, todo esto es parte de un sistema arcaico de gobierno denominado Monarquía que ahora cumple diversas funciones más allá de gobernar, pero que al fin y al cabo, ni existe en Perú.

Pero tú, no naciste princesa, mi amor. Naciste en un hogar lindo lleno de amor. Pero no naciste princesa. Naciste en el Perú, naciste en Lima, naciste de padres plebeyos, hijos del pueblo, y no reyes o reinas, y eso mi vida, está bien, es lo normal.

Pero yo sé que tú no eres normal. Yo sé que eres extraordinaria. Sé que eres genial, siento en mi corazón un golpeteo feroz cada vez que te escucho cantar, que te veo bailar, que te escucho hablar. Y por eso creo que si bien jamás podrás ser una princesa -y repito, eso está bien- podrás ser siempre una Rockstar.

Y no me refiero a una Rockstar musical. Eso también estaría genial. Me refiero en el sentido metafórico.

Porque un Rockstar se hace. Un Rockstar es la suma del talento, del drive, empuje, pasión, oportunidad y suerte también (¿por qué no decirlo?. Un Rockstar no nace, mi amor, un Rockstar se hace.

Un Rockstar kicks ass. Un Rockstar crea, es querido, no se detiene. Un Rockstar tiene 40 años de carrera y sigue sacudiendo las caderas en el escenario. Un Rockstar es un Rockstar todo el tiempo porque todo el tiempo debe serlo para seguir rockeando. Un Rockstar suda en el escenario.

Una princesa, vive lo que es. Un Rockstar vive lo que hace. Una princesa es un sueño, un Rockstar se hace realidad.

Chiqui, pequeña mariposa loca. Y si te conviertes en una Rockstar? Te prometo que igual, siempre podrás seguir usando una corona.

Te amo.

Papá.

 

 

 

 

Babyshower Sebastian

Hola enano loco. Hoy es tu babyshower. Algo pequeño, familiar, íntimo. Un día que nos acerca más a tu llegada y que me llena de alegría, entusiasmo, y muchísimos nervios.

Ayer mamá tuvo consulta con el Dr y tuvimos la noticia de que pesas 3 kilos ya. Faltan en teoría 4 semanas para tu llegada y ya estás bien grandote. Aquí una foto tuya envuelto en el cuerpo de mamá.

Serendipity Panza

Estoy muy nervioso porque tu inminente llegada se ha convertido en el subtexto de todo lo que hacemos, y como todo parto, no tiene una fecha exacta. Así que los nervios se me van poniendo de punta, y me van acompañando en el stress diario. Miro el teléfono todo el día, pienso en los detalles de un parto adelantado, me angustio ante la idea de un viaje al extranjero, etc. En fin, ando hecho un ocho, y creo que no he tenido la oportunidad de compartir esta sensación con nadie, quizás ni con mamá a estas alturas. Las ganas de no compartir con ella cierta ansiedad es porque ella en este momento también carga con las suyas, con todas las actividades programadas por el lanzamiento de su primer libro, y todo lo que eso conlleva. Pero no te preocupes. Ella está bien. O al menos eso creo. La veo feliz, y yo estoy muy feliz y orgulloso de ella. Sacar su primer libro ha sido un sueño que ella ha hecho realidad a punta de empuje, fuerza y energía. Energía que no sé de dónde ha sacado, y en parte ese es uno de los milagros que me enamora siempre de ella. Su capacidad de hacer cosas, de empujarse, de encontrar la manera, incluso cuando yo ya estoy agotado.

Serendipity libroY lo ha logrado. Sacó su primer libro antes de que nazcas tú, y eso es una hazaña en si misma. Porque ha corrido contra el reloj que representa tu nacimiento, para tener la plena seguridad de dedicarle toda su atención a sus dos hijos al momento de tu llegada. De poder estar ahí para todo lo que necesites, y de tener la atención de Valentina todo el tiempo que ella lo requiere, pues será para tu hermana también un momento especial, decisivo y donde tenemos que actuar de la mejor forma para que nuestra pequeña familia encuentre su nueva dinámica rápidamente.

Hoy es tu Babyshower y el app que llevo en el celular dice que llegas en 3 semanas y 3 días, y cada día es uno menos en esta cuenta regresiva inevitable, y a diferencia del parto de Valentina, todavía no me siento listo.

Creo que no he tenido el tiempo para procesar todo lo que tengo que hacer. Tengo un caos en la cabeza, estoy sobrecargado de emociones y me trato de dejar llevar por la experiencia, calmándome a mi mismo diciéndome “Ya lo hiciste una vez y lo hiciste bien, esta vez será más fácil” pero al mismo tiempo tengo la impresión de que me estoy mintiendo. Quiero darte toda mi atención, todo mi cariño, quiero estar ahí para ti, quiero entregarme como lo hice con Valentina, y me preocupa sentir que los días están pasando y no he podido terminar el maletín para la clínica. Que no he instalado todavía la cuna. Que no he tomado todas las decisiones que tengo pendientes tomar. Y dejarme llevar me está estresando más de la cuenta.

Pero bueno. Hoy es jueves. En la noche iré a tu babyshower, y estoy seguro que me ocurrirá lo mismo que me pasó hace dos días. Vi esta foto, y morí automáticamente de amor. Y supe que todo estaría bien. Medias Sebastian

Creo que tu babyshower será igual para mi hoy. Creo que rodearme de ti, antes de que estés aquí me va a cargar de toda la energía que necesito para hacer todo lo que me queda por hacer en estas tres semanas. Quiero creer que esperarás a que esté listo para llegar.

Y si no lo estoy, pues no importa. Lo estaré de todas maneras. Porque no me mal entiendas. Estoy listo para ti, para adorarte, para ser tu papá. Es sólo la logística de la llegada la que me tiene mareado. Pero para ti, pequeño loco, mi corazón ya está preparado.

Te amo, pequeño gigante.

Papá.

Ámate

Valentina Muck en ropa de baño y flotadoresMiro los catálogos, las revistas, los comerciales, la TV.

Miro los paneles, las paletas, los posts en Facebook y los encartes.

Y luego te miro a ti. Y me asombro sobre tu percentil 99 de estatura. Te veo sonreír con la mirada y me preocupo. Me preocupo por todo lo que veo alrededor de la imagen e ideales físicos de una mujer, me preocupo por todos los reportajes, los facelifts, el botox, los shows de espectáculos y el currículum que un trasero hace en nuestro país.

Así que quiero decirte una cosa: Ámate. Crezcas como crezcas, ámate. De la punta de los pies hasta la punta del cabello. Ámate. Y mírate como yo te miro, siempre.

Da gracias por tus pies, no por lo refinado de tus dedos, o lo delgado de tus tobillos. Pero por la firmeza con la que puedes plantarlos sobre el suelo.

Da gracias por tus piernas. No por lo largas o musculosas. Ni por lo contorneadas o chuecas. No por lo bronceadas o pálidas, por lo duras o flácidas. Pero por la firmeza de tus pasos hacia adelante y la capacidad de saltar sobre los baches del camino.

Da gracias por tus caderas. No por lo estrechas o amplias, gordas o huesudas. Inexistentes o exuberantes. Pero porque contienen tu femineidad y en ellas la posibilidad que tu género trae consigo.

Da gracias por tu estómago. No por lo delgado, muscular, marcado o rellenito. Da gracias por la oportunidad de satisfacer su apetito cada día, y por la capacidad de hacer de tripas corazón.

Da gracias por tu pecho, por tu capacidad de respirar. De inhalar, de exhalar. De contener el aire cuando estás a punto de dar un salto. De suspirar. De perder el aliento. No por las tallas de un sostén o las miradas que este traiga, pero porque alberga tu corazón.

Da las gracias por tus brazos. Ya sean cortos, largos, fuertes o débiles. Da gracias por ellos, por tu capacidad de estrecharlos en un abrazo. De envolver el cuello de tu amado. De sostenerte y sostenerlo.

Da gracias por tus manos. No por lo delgado de tus dedos, lo cuidado de tus uñas, ni por los aros y anillos que las adornan. Pero por la capacidad que tienes de estrecharlas a alguien que las necesita. Por la capacidad de tomar un martillo, de tomar un pincel, de tomar un lápiz. Por la capacidad que tienen de decir hola, y adiós. Por la suavidad de las caricias que prodiga.

Da gracias por tu piel. No por el tono o color de la misma. Pero por la suavidad que otorga a quienes reposan su cabeza contra ti.

Da gracias por tus labios. No por lo delineados, pintados, por su grosor o finura. Pero por la capacidad de emitir un juicio, de gritar un hurra, de alentar a quien lo necesita, de besar a quien lo merece, de rugir a quien lo amerita.

Da gracias por tus ojos. No por su color, o su forma. Pero por la capacidad que tienes de mantenerlos abiertos, de absorber el mundo, de ser testigo de sus maravillas, y también de su injusticia.

Da gracias por tu pelo. No por lo claro u oscuro del mismo. Pero porque es el de tu padre, el de tu abuela, y es parte nuestra en ti. Porque eres tú, y somos nosotros. Ámate. Como te amamos de la punta de los pies.

Yo no sé cómo serás cuando necesite leer esto. Si serás más alta que yo, o si serás bajita. Pero nada de eso importa. Recuerda amarte como te estoy enseñando a hacerlo, que con eso serás siempre la más bella de las bellas, y nada de lo que diga el mundo al respecto importará.

Valentina en la PlayaTe amo pitufa en crecimiento.

Papá.

 

Monstruos

“Mostuos. Mostos. Moustios. Mostos papi. Mooooostoooos!”

Hace unas semanas aprendiste esa palabra. Y si bien sé que te refieresal hombre de nieve infernal que crea Elsa para ahuyentar a Ana, Kristoff y Olaf en Frozen, también he podido ver en tu rostro por primera vez algo que se asemeja al miedo.

Esa carita loca tuya, estirando la trompita, abriendo los ojazos, escondiéndote, repitiendo “Mostruooo!” y abrazándote a mi. Repitiéndola incluso cuando la película ya no está encendida como si algo te persiguiera. Y si bien sé que no es terror lo que sientes, pero en realidad una gran sorpresa a la aparición del personaje, me voy dando cuenta que el concepto del miedo es algo que poco a poco vas conociendo.

Siempre me sorprendió la facilidad y el sincuidado con el que te levantabas de noche y con todas las luces apagadas caminabas sola e independiente hacia la cocina a pedir leche. Especialmente la forma en la que lo hacías sorteando el mar de legos y juguetes que dejas regados por la sala antes de dormir. La forma en la que vienes a mis brazos sin el más mínimo temor a la oscuridad. Sólo recientemente me he dado cuenta que ese temor, todavía no existe en ti. Y que el miedo, los monstruos, el mal, son conceptos que todavía aprenderás. Que estás por aprender.

Y ensayo respuestas, y reacciono con frases hechas cuando gritas “Papi, Mostruooo!” diciéndote que yo te cuido, que yo te protegeré, que nadie puede con Papá. Porque Papá es el hombre más fuerte del mundo. Porque ningún monstruo se va a acercar a ti porque los monstruos le tienen miedo a Papá.

Y me asusta pensar que los monstruos sí existen. Que no soy el hombre más fuerte del mundo. Que sí se pueden acercar a ti. Que no me tienen miedo.

Me asusta pensar que los monstruos no son bicharracos de 3 metros de altura hechos de nieve con garras de hielo y ojos fulminantes. Me asusta pensar que tienen estatura promedio, rostros promedio, y que quizás lo único que los delate sean los ojos fulminantes. El brillo macabro en sus ojos.

Mientras me pierdo en esos pensamientos, cavilando con cada vez con mayor profunidad, empiezas a cantar “Libre shoy, libre shoy” y me abrazas. Pones tu cabecita en mi hombro… y me doy cuenta que eres tú quien me protege a mi.

Valentina come pinkberry

Al agua pato!

Se viene el verano, pequeña chanchis voladora! Los días son cada vez más soleados, y la inevitable pregunta que venimos haciéndonos con mamá, es que siendo tú tan amante del agua (eres mitad sirena, mitad piraña) ¿cómo vamos a evitar que te tires de cabeza a las piscinas sin que te lastimes?

Así que ya andamos en búsqueda de los mejores flotadores para bebés (consejos de mamis y papis, porfa déjenlos en los comentarios), y de cualquier consejo que nos puedan dar para sobrevivir a tu adicción al agua.

Ah! Y desde ya, armando un stock de los little swimmers de Huggies, que para verano se agotan por arte de magia y es un lío encontrarlos! Porque no estoy seguro que sea una buena idea soltarte en el agua al “natural” jajaja.

Una pregunta a ti ahora: ¿Bikini de lunares amarillos?

Te amo!

Papá.

Cuando te rompan el corazón

Es difícil pensar en esto cuando veo tus fotos, difícil pensar en esto cuando te veo sonreír. Pero pasará. Te romperán el corazón.

Cuando pase, lee esto.

Cuando te rompan el corazón, sentirás que el mundo no es redondo. Sentirás que la Tierra es plana, que el mundo no gira y el tiempo no pasa. Que por alguna razón, un gran agujero se abrió ante ti en cuyo borde resbalarás y caerás, y donde quizás sólo llegar al fondo haga que el dolor termine. Sentirás que no puedes más. Sentirás, quizás, que todo el oxígeno que te rodea no es suficiente para tus pulmones. Que no puedes respirar, que las paredes se cierran alrededor tuyo.

Es probable que no entiendas cómo es posible que sigas llorando. ¿De dónde pueden salir tantas lágrimas? Que tu voz se corte por el llanto. Que la compañía no sea suficiente, o que no la necesitas. Sentirás un hueco hondo en el pecho, donde antes latía tu corazón. Sentirás una piedra en el estómago y un nudo en la garganta.

Te preguntarás, “¿qué hice mal?” y tendrás tantas respuestas, quizás sin la certeza de que alguna sea correcta. La duda te visitará constantemente. Los consejos para seguir adelante de tus amigos y amigas lloverán, pero por alguna razón no te harán sentir mejor. Querrás sentirte dura, para derrumbarte nuevamente. Y te sentirás culpable por eso. Querrás que todo pase, y que pase ya. Porque nadie quiere sentirse mal, nunca tan mal.

Querrás odiar a la persona que te hizo sentir así. Y te sentirás mal por odiarlo, porque en el fondo quizás quieras perdonarlo, y volver al pasado. Estarás tentada de olvidar lo que pasó, y empezar todo de nuevo. Pero sabes que sí pasó. Sabes que dolió. Y sabes que lo único que quieres es no sentirte así.

Mi pequeña hija. Quiero decirte que no estás sola. Que como tú, miles de personas en el mundo han sufrido de ruptura de corazón. Y que la mayoría de ellas han sobrevivido exitosamente. Quiero decirte que se trata de un mal agudo, y no crónico. Es un mal que pasa. Un dolor profundo que te tumba hasta el piso, y te reta a ponerte de pie.

Quiero decirte que ese agujero en el pecho, luego se llena de calma. Se llena de ti. Que tu corazón se reconstruye. Que aprende. Tu alma renace, y la vida vuelve a sonreír. Quiero asegurarte que el tiempo, y sólo el tiempo, te dará la perspectiva necesaria para sanar tus heridas. Quiero que sepas que estarás bien.

Quiero decirte que cuando esto pase, respetaré tu espacio. Aunque mi corazón salte en llamas y mi alma quiera degollar a la persona que te hizo sentir así, guardaré la distancia que tú requieras. Que dejaré que te encierres dando un portazo. Pero que estaré del otro lado de esa puerta. Que estaré listo para pedirte, cuando tú estés lista, que me acompañes a comprar un helado, o a pasear – si es que no te molesta que te vean con tu viejo.

Quiero que sepas, mi amor, que esto puede pasar más de una vez. Y que pasa muchas veces, cuando uno menos lo espera. Que es muy difícil estar preparado para esto, y que el dolor duele más cuando sorprende.

Pero quiero que sepas también, que puedes contar conmigo. Puedes contar con que te llevaré, sin juzgar ni hablar demasiado, quizás a algún lugar distinto, donde podamos ver las estrellas más de cerca. Donde el cielo tenga otro aire, y el horizonte del mundo se vea distinto. Que te sacaré de la rutina, y te ayudaré a tomar una pausa.

Que mamá y yo acompañaremos, en mutuo respeto, el luto que guardes en el alma.

Pero sobre todas las cosas, quiero que sepas que eres fuerte. Que lograrás pararte. Que tu corazón es más grande de lo que crees. Que para entonces habrás aprendido a perdonar, a aprender, a respetar, y a avanzar. Que Dios es una fuerza que nos ayuda mucho en estos casos, y que puedes contar con él. Que puedes contar conmigo.

Quiero prometerte, que luego, serás más fuerte, serás más tú, serás más humana, y más bella que nunca. Porque las flores que renacen de las cenizas son quizás las más hermosas.

Cuando te rompan el corazón, yo te ayudaré a recoger los pedazos, los pegaré, y los cuidaré. Y cuando estés lista, una mañana al despertar, lo encontrarás latiendo otra vez en tu pecho.

Ese día, te enseñaré a verte a través de mis ojos. Te amo, pequeña.

Papá.

Valentina sonriendo

Cuando me dices Adiós

IMG_1344Los lunes son días feos para mi. No porque sean lunes, o porque volver al trabajo me implique alguna clase de frustración laboral. No porque el stress de la planificación semanal me abrume, o porque simplemente me de flojera. Todo lo contrario, me encanta mi trabajo, una vez concentrado puedo pensar sólo en él por horas. Puedo dedicarle mi atención total y absoluta a un proyecto, y soy muy feliz cuando las ideas se hacen realidad. Me encanta mi chamba.

Mis lunes son feos por la misma razón por la que anhelo los viernes. No porque se termine una semana muy esforzada ni porque no pueda esperar para salir a divertirme con los amigos.

Mis viernes son mis favoritos porque al llegar a casa, puedo descansar sabiendo que el sábado, despertarás y jugaremos juntos todo el día. Porque sé que te encontraré dormida en la cama junto a mamá, y que puedo echarme a tu lado, sin que me sientas, acariciar la cabecita y los rulos que heredaste de mi y darte un beso despacito, para que no te despiertes.

Porque los sábados y domingos eres mía. Y nos divertimos tanto juntos! Mi corazón realmente se siente vivo a tu lado, somos cómplices de fin de semana. Y me la paso pegadito a ti y a mamá. Nos tiramos al suelo, aprendemos a gatear, comemos juntos, salimos al parque, o a visitar a alguien. Mi día termina a las 7 de la noche cuando caes rendida, y yo no puedo más. Y no hay nada mejor, ni cambiaría un minuto del día. Mi día empieza y termina contigo. Para ti.

Los lunes son pues, difíciles. Y me intriga pensar que todavía no comprendes que una semana está estructurada de cierta forma, y que no todos los días son iguales. Me mata despertar por la mañana, y verte sonreír y pensar que quizá crees que es sábado, cuando es martes o miércoles. ¿O será que te das cuenta?

Me entristece saber que no me verás hasta la mañana siguiente, pues de noche, ya estás dormida.

Hace unos días aprendiste a decir adiós. Levantas la manito con la palma abierta, y la sacudes al aire. Hasta te ríes! Y jugamos y nos decimos adiós. Y los sábados y domingos me parece un juego, hasta que me dices adiós los lunes. Porque sé que por 5 días, me verás 1 hora cada mañana. La semana pasada mamá y tú se despidieron de mi desde la puerta, y mientras me hacías adiós mamá dijo sin pensarlo “Hasta mañana papito!”. Las puertas del ascensor se cerraron y mi día se volvió gris. Sólo te vi una hora.

¿Cómo puede uno afrontar correctamente el tener que ir a trabajar cuando tiene tantas ganas de estar contigo? Ya tienes 7 meses y medio, y lo he venido haciendo sin problemas todo este tiempo. Pero estás creciendo tan rápido, y aprendiendo tanto, que cada día que pasa siento que me puedo estar perdiendo de algo.

IMG_1412Pero la vida es así. Y sé que trabajo por ti, y para ti. Y tengo mucha energía para hacerlo, porque las sonrisas que me regalas cada mañana las llevo conmigo todo el día. Y me permiten llegar al fin de semana listo para apachurrarte.

Ahora entiendo la necesidad tan imperativa de apachurrarnos siempre. Ahora entiendo que tú me das energía para salir adelante. Y entiendo que soy un poquito adicto a ti. Pero lo que se hereda no se hurta. día de la madre

 

Hija hermosa, pequeña pitufa bailarina, sé que ya aprendiste a decir adiós, y sé que es algo que te tuvimos que enseñar. Pero también me he dado cuenta, que nunca tuvimos que enseñarte a decir hola. Porque siempre que has abierto los ojos hemos estado ahí para ti. Así que me quedo con eso por esta semana. Abre los ojos cada mañana conmigo, princesa. Ciérralos cada noche con mamá. Pronto, cuando seas más grande, tendremos más tiempo por las noches. Por el momento me toca aprender de esta etapa.

Te amo. Y sigo odiando los lunes.

Papá.