Mi león peleón

“Sebastian… ese es otra cosa. Es una bala, es tremendo! No para nunca. Es un piojo terrible, un piojo veloz!”. “Sebastian, ese es el terror de Chacarilla!”. “Sebastian es una cosa de locos. El niño tiene más energía que 20 y hace siestas de 15 minutos nada más!”. “No, la gorda era facilísima! El piojo maravilla, ese sí que es bravo!”

Son frases que decimos, que salen de nuestra boca cuando alguna persona fuera de la familia te ve correr de un lado a otro, control remoto en mano, entrando volando al baño a tirarlo por el water, o arrastrando la ropa de tu hermana de su cuarto a la sala, entrando a la cocina, tratando de abrir las puertas para esconder algo ahí. O salir disparado de la cocina con dos naranjas y una papa en las manos para tirarlas por la ventana. O encontrarte tranquilito sentado al lado de la alacena de la cocina con una cebolla en la mano mientras – muy a tu pesar – intentas morderla porque por alguna razón te intrigó su sabor.

Y es que eres, hijo mío, muy activo (por usar una palabra). Eres un pequeño que rara vez se sienta tranquilo, o se toma 30 segundos para meditar lo que va a hacer a continuación.

Encontrarte sentado tranquilo mirando algo es una cosa rara, que poco a poco hemos ido experimentando especialmente por las mañanas cuando nos quedamos solos, que es cuando nos sentamos abrazaditos y nos ponemos a jugar con tus carritos mientras que escuchamos canciones de patitos, gallitos, y demás animalitos de granja – a quienes llamas “ACO!!!” , versión corta de “Pajarraco” que es la palabra con la que identificas tus canciones favoritas, a razón del Gallo que baila muchas de las canciones. Pajarraco, debo decir, es una palabra que sacaste de mamá. Pero así es, que estés tranquilito sentado jugando, es algo que no está en tus intereses.

Tienes una misión en este mundo, y es recorrerlo y conocerlo todo. Cogerlo, tocarlo, probarlo, morderlo, tirarlo y si puedes, tirarlo todo al water. Y no lo digo metafóricamente. Eres incansable.

Y AMO que lo seas! Amo que seas el pequeño que ha venido a desafiar nuestra paciencia, nuestra energía y todo lo que creíamos saber sobre cómo criar un bebé! Tu hermana siempre ha sido activa y llena de energía, pero donde ella es un 10, tú eres un 20. Y es maravilloso. Siempre escuchamos a nuestros amigos cuando nos decían “no… un hombrecito es distinto, tienen tanta energía!” pero nunca nos imaginamos que sería así.

Y ya cumpliste un año, piojo maravilla. Un año de levantarte cada día para llenar nuestros días de retos y de risas. De llantos también, y de renegadas. Porque obviamente nada es color rosa. Pero contigo, todo es color confetti. No importa lo que pase, siempre es una fiesta.

El día de tu cumpleaños, te despertaste así.

Luego ya te vistieron de fiesta para que juegues y disfrutes de tu pequeña fiesta familiar en casa. Este año quisimos hacer algo pequeño para ti y para la familia porque también todo esto se dió en el marco de una crisis  a causa de los huaycos y grandes problemas de agua a nivel nacional. Así que no era ni momento ni la ocasión para hacer algo estrambótico. Era el momento de estar en familia, de apachurrarnos y de tratar de no ensuciar nada de nada.

Mi leoncito, mi cachorro renegón y peleón, eres un cachorrito con todas las de la ley. Te tiras encima mío, me persigues para estar cargado, te mueres de risa cuando te mordisqueo la pancita, y te encanta treparte a todas partes. Has descubierto una tremenda facilidad para patear pelotas, para trepar escaleras, y para subirte sobre las sillas. Y yo, te he descubierto en un abrir y cerrar de ojos, de pie en la mesa del comedor, en la mesa de la cocina, y en la mesa de trabajo de tu hermana: Muerto de risa, con una cara de satisfacción como la de quien acaba de escalar el Everest. Y yo, entre emocionado por ti y asustado por que te caigas y te revientes la crisma contra el suelo. A veces no sé si ponerte tu buzo y además casco y rodilleras solo para que andes por la casa. Tienes la capacidad de convertir un paseo en el parque en un deporte extremo! Jajaja

Y me encanta que seas tan curioso. Porque toda tu inquietud está fomentada por esa inacabable curiosidad por explorar todo. Por mirar, por entender, y por tratar de actuar, tomar la iniciativa e iniciar la acción, y experimentar. Me ayudas a armar cosas, me ayudas a cocinar, me acompañas a todas partes, y te encanta ser parte protagónica de todo, absolutamente todo. Incluso de los juegos de tu hermana. Es adorable verte crecer y darnos cuenta que eres la estrella de tu propia película. No eres “Familia Muck, parte 2”. Eres la estrella de “Sebastian, the Movie”. Y aunque todos en el fondo lo sabíamos, creo que era inevitable pensar que contigo al ser nuestro segundo hijo, en muchos casos la experiencia sería una continuación de nuestro aprendizaje como papás. Nunca imaginamos que sería una nueva experiencia de principio a fin y en si misma.

Amas los carritos, y amas los carros grandes! Pararte frente al timón, incluso tan chiquitito es un vacilón para ti! 

Y tu independencia la demuestras en todos lados. Desde cuando te empujas un arroz con mariscos con cuchara solito en el restaurante, hasta cuando decides alejarte en el parque sin preocupación alguna y nos haces perseguirte. Nunca sé si eres un loco inconsciente de todos los peligros (desde huecos, caquitas de perro hasta perros grandes o corredores, gente jugando a la pelota, incluso bicicletas y carros) porque arrancas a la carrera, o si lo haces porque te sientes tan seguro de ti mismo y de que tus papás van a estar a unos metros tuyo que simplemente te lanzas al mundo.

Claro, ayuda mucho que corras detrás de tu hermana. Me da una risa porque a tu edad tu hermana estaba recién experimentando con el mar, y si bien nunca le tuvo miedo, el que tú la veas correr al agua como loca hace que tú no tengas absolutamente ningún reparo, y corras -lengua afuera – detrás de ella hecho una bala, pegado a sus talones y listo a atragantarte con todos los muy-muys que se topen con tu boca abierta. 

Yo sé que la primera persona que alimenta el mito de lo terrible que eres, hijo mío, soy yo. Pero quiero que sepas que siempre quise un hijo tremendo. Siempre quise que mi hijo sea una bala. Siempre quise que cuando sea grande, todos digan “Uy, es que ha sido tremendo desde chiquito!”. Porque eres mi superhéroe. Yo sé que yo debería ser esa persona a quien tú admires, pero quiero que sepas que yo te admiro a ti. A todo lo que puedes hacer, a todo lo que tienes por delante, y a esa actitud de comerte el mundo (y el papel que encuentras en el piso, las tapas de plumones también, etc) con la que has nacido. Eres un rebelde con muchas causas, y yo quisiera ser más como tú cada día. Eres el hijo que siempre soñé, mi piojo maravilla, el hijo que me reta a ser el mejor papá que puedo ser.

Mi bebé, eres un grande. Y yo soy más grande por tenerte en mi vida. Verte tan parecido a mi cuando era niño es al mismo tiempo una cosa fascinante y terrorífica. Es inevitable que me proyecte en ti, y que quiera que tengas todas las oportunidades con las que yo soñé, que no cometas los errores que yo cometí, o que vivas las experiencias que nunca pude vivir. Pero también sé que siendo como eres, labrarás tu propio camino, porque nos has dejado claro que es el mundo de Sebastian, y nosotros solo vivimos en él. Te amamos. Y estaremos aquí para protegerte y cuidarte en cada paso (apurado, loco y muy posiblemente arriesgado) que tomes. 

Ah. También me encanta cuando dicen que eres hermoso, segundos después de decir que somos igualitos. Porque sí pues. Lo somos. 😛

Te adoro piojo renegón!

Papá.